The rewinding game
Bajan sordos los muertos desde mi hombros hasta el techo
Vienen húmedos y fríos como piedras de río
Piden sal sobre sus labios, calor sobre sus pechos podridos
No temen, no esperan, no duermen.
Me rodean sus peticiones como alambres enmohecidos
Y se quiebran mis rodillas crujiendo como pan seco
Tengo el ojo nublado. La lágrima cuajada.
Sus dedos huecos pisan mi cara
No hablo.
No temo.
No espero.
No duermo.
Lei 05/04/09


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